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Yo no me como las letras, quillo

Este artículo es una aportación externa de Nuria Bayo, fundadora y presidenta de EDELA (Escuela de Escritura en Lengua Andaluza).

¿Conocéis al personaje Buzz Lightyear? En la película Toy story, este personaje se estropea y de repente comienza a hablar en andaluz hasta que lo arreglan y ya en ese momento se expresa mediante un español de variedad centro-norte peninsular. En series de televisión tan conocidas como La que se avecina también hay personajes andaluces como la Chusa y Fermín Trujillo o los que no seáis ya adolescentes recordaréis a la Juani de Médico de familia.

Buzz Lighyear, en Toy Story, haciendo una imitación estereotipada de los y las andaluzas.

Todos estos ejemplos son un reflejo de la andalufobia que sufrimos los andaluces constantemente, a quienes se nos muestra en los medios como seres de la escala social más ínfima. Sólo somos expuestos al resto del mundo como seres al margen de la sociedad, tales como paletos, catetos, chachas, truhanes, prostitutas o drogadictos, pero nunca interpretando papeles de profesionales o altos cargos. ¿Acaso no hay profesionales en Andalucía? ¿No hay policías, jueces…? Y tanto que los hay y muy buenos. Hay, evidentemente, personas de todo tipo, de distintos niveles culturales y sociales, como en el resto de comunidades, pero esa diversidad no se muestra al mundo cuando de quien se habla es de Andalucía.

El espejo de los medios llega a grandes masas y refleja y fomenta estereotipos que nos codifican y que no son más que ideas negativas y erróneas que se extienden acerca de los andaluces, a quienes se suele calificar de vagos, fiesteros y de quienes se piensa que siempre estamos de vacaciones o que disfrutamos de la siesta como actividad principal de nuestra rutina. Lo que implica que no trabajamos ni nos formamos ni tenemos aspiraciones y que de todo ello se encarga el resto de España para mantenernos a nosotros. El problema implícito es que hay personas que lo creen y no cuestionan esta irrealidad cuya falsedad es obvia y demostrable. Con Buzz Lightyear lo dejan claro: somos lo estropeado, lo que hay que arreglar, las personas que, además de vagas, no saben hablar bien.

La glotofobia es el desprecio a las personas por su manera de hablar y atenta contra los derechos constitucionales, jerarquizando de este modo a grupos humanos, por lo tanto, el hecho de que a las personas de Andalucía se nos esté cuestionando y despreciando constantemente por nuestra manera de hablar es un asunto muy muy grave que se debe condenar y parar cuanto antes.

El andaluz es nuestra lengua, nuestro vehículo de expresión, tal y como nos comunicamos entre nosotros, nuestra seña de identidad y no poseemos menos competencias lingüísticas por hablar andaluz.

El andaluz se caracteriza por una riqueza expresiva y consta de unas características lingüísticas propias (candao, casa (casa/caza/caja), madrugá) y posee una variedad léxica riquísima (no ni ná, chambao, relente, botijo, arcancija, jechura). Citando a mi admirado Juan Carlos Aragón, además de ser mostrados al mundo como seres pertenecientes al “más ínfimo escalón de su estrecha jerarquía”, también se nos veta en los medios de comunicación para ocupar puestos tales como el de presentador alegando que no se nos entiende, sin embargo, cuando son Los Morancos o Dani Rovira quienes hablan nadie se queja de que no se les entiende, relegando el andaluz exclusivamente a contextos del humor y de la música como, por ejemplo, el flamenco.

Este modo de denostarnos y despreciarnos tiene un origen colonial de la dominación a escala global sobre otros pueblos del mundo. En nuestro caso, es la conquista castellana de Al Ándalus y la limpieza de sangre. La política imperial se fundamenta en un solo estado y una sola lengua y España se caracteriza por la jerarquización de las variedades y por ende de las personas que hablan esas lenguas. En esa jerarquización, Andalucía se encuentra inferiorizada y excluida frente al español de Castilla.

CATETO TÚ QUE NO’NTIENDÊ L’ANDALÛH

En la actualidad, ha surgido un movimiento activo de iniciativas, artistas y personas que defienden el andaluz, promoviendo su valor cultural y lingüístico con el objeto de dignificarlo y combatir prejuicios, además de fomentar su uso en todos los ámbitos. Entre ellos, cabe destacar al colectivo Andalugeeks, a la primera escuela de andaluz del mundo a la que pertenezco, denominada EDELA (Escuela de Escritura en Lengua Andaluza) (www.escueladeandaluz.es/wordpress.com @edela_andaluh), escritores
como Manuel Rodríguez Illana, grupos como Califato ¾, artistas como Pintarraheo y al instragramer Zestáperdiendo. La contribución de todos es esencial para la visibilidad y defensa del andaluz, generando conciencia, naturalidad y orgullo.

EL ANDALÛH TAMMIÉN ÇE ÊCCRIBE, ÇEÑO

Cada vez hay más personas que de manera intuitiva están escribiendo en andaluz, por ejemplo los rótulos de sus negocios (véase el paisaje lingüístico andaluz de Andalugeeks en www.andaluh.es/paisaje-linguistico-andaluz).

Es una opción. No implica que por escribir en andaluz se deje de escribir en español. En este respecto, se utiliza el andaluz EPA (Estándar Pal Andalûh) con más asiduidad y naturalidad. Esta es una propuesta ortográfica cohesiva y aunadora de todas las variantes del andaluz que consta de unas reglas que están registradas y explicadas en el primer manual didáctico de andaluz del mundo denominado Aprende a escribir en andaluz, del que soy coautora y mediante el cual se aprenden las reglas que conforman la propuesta ortográfica EPA de una manera muy motivadora y mediante unos personajes andaluces que hemos inventado los autores, como el lince Gazpacho. Este libro está disponible en la plataforma Amazon.

Esta propuesta se ha extendido firmemente y cada vez estamos tomando más conciencia de que el andaluz es nuestra lengua y que no debe existir en subalternidad. Por el contrario, no debemos consentir que se nos infravalore, discrimine ni que se extienda la idea estereotipada y falsa de que el andaluz es inferior y no válido. No debemos consentir que se nos estigmatice, descalifique y denoste constantemente. No debemos olvidar que nuestra modalidad lingüística está protegida por el Estatuto de Autonomía y que forma parte de un marcador identitario que nos debe enorgullecer. No debemos olvidar que detrás de las lenguas se hallan las personas que las hablan y que son quienes sufren esa opresión, algo que es anticonstitucional. Hay que combatir el intento de naturalización de lo que no es más que algo construido históricamente. Y no olvidemos que esta batalla está en nuestras manos. Por lo que ¡no seáis catetos y hablad andaluz!