Publicamos en el blog de MIRCo la contribución de Óscar García Agustín. Óscar es profesor en el Departamento de Cultura y Comunicación en la Universidad de Aalborg (Dinamarca).
Con el regreso de Superman en 2025 con la película dirigida por James Gunn, una de las figuras más icónicas de la cultura estadounidense recupera parte de la relevancia que llegó a adquirir desde su salto a la gran pantalla en 1978. A pesar de la popularidad del personaje, sorprenden las pocas incursiones cinematográficas que Superman ha tenido: cuatro películas con Christopher Reeve entre 1978 y 1987, con un claro declive creativo y presupuestario en las dos últimas; solo una película en la década de 2000, en concreto en 2006; un intento de reinventar a Superman como un personaje más oscuro en la década de 2010 (2013 y 2017); y el regreso de un Superman más humanitario en 2025.
En este renovado interés por la figura de Superman, considero que resulta pertinente analizar la película como una forma de “discurso geopolítico” en la que las relaciones entre espacio y poder se articulan a través de tres elementos: la hegemonía, el cosmopolitismo y el «corazón de la patria». En este sentido, la última película de Superman se distancia de la geopolítica de Donald Trump, caracterizada por el realismo político (expresado en el lema “America First” como defensa de los intereses nacionales”, el cuestionamiento del multilateralismo y el reforzamiento de las fronteras. Sin embargo, aunque Superman pone en cuestión los valores asociados al trumpismo, ello no implica que su discurso geopolítico renuncie a la función hegemónica de Estados Unidos, sustentada en un universalismo liberal.
El modo de vida estadounidense y un mundo mejor
En los cómics durante la Segunda Guerra Mundial, Superman pasó a encarnar los ideales norteamericanos. La película de Superman de 1978, al igual que las posteriores, refleja el contexto geopolítico de la Guerra Fría. En una conversación entre Lois Lane y Superman, ella le pregunta por qué está allí. Superman responde con seriedad: “Estoy aquí para luchar por la verdad, la justicia y el modo de vida estadounidense.” Lois no puede evitar reírse e ironiza: “¡Vas a terminar peleándote con todos los cargos electos de este país!”
Defender el modo de vida estadounidense es algo que va más allá de los Estados Unidos: no se trata solo de salvaguardar esos valores dentro del territorio nacional, sino también de expandirlos hacia otros países como parte del sueño americano (libertad, igualdad de oportunidades, prosperidad económica). La geopolítica de Superman consiste, en este caso, en el alineamiento entre sus valores y acciones con los intereses estratégicos de Estados Unidos para consolidar su poder hegemónico.
Sin embargo, Superman muestra conciencia sobre lo problemática que resulta su posición. En 2021, DC adoptó un nuevo eslogan para Superman: “Verdad, justicia y un mundo mejor”. Al luchar por el bien de la humanidad y proteger la Tierra de riesgos globales, Superman pasa a representar valores universales en lugar de exclusivamente norteamericanos. La última película recoge este espíritu universalista con su férrea creencia en que todavía hay esperanza para la humanidad.
El conflicto entre los intereses geopolíticos de Estados Unidos y los valores universales ya había aparecido en los cómics. En 2011, Superman anuncia su intención de hablar ante las Naciones Unidas para renunciar a su ciudadanía estadounidense. Con este gesto, el superhéroe de Krypton busca desligar sus intervenciones globales de la política exterior de Estados Unidos. Superman quiere dejar de ser percibido como un “ciudadano estadounidense” para pasar a ser un “ciudadano del mundo”.
La cuestión es si esta doble pertenencia (a Estados Unidos y al mundo) está libre de contradicciones. Para abordar dicha tensión, conviene precisar en qué consiste la geopolítica de Superman.

¿Una geopolítica de Superman?
Conceptualizar las relaciones entre espacio y poder es una tarea compleja. En el caso de Superman, considero que hay tres elementos útiles por ello: la hegemonía, como una expansión de los intereses políticos particulares de un país a otras geografías; el cosmopolitismo, como un no-espacio o una representación universal que incluye a toda la humanidad, y el corazón de la patria (heartland), como un espacio imaginado asociado a los valores auténticos y “profundos” que caracterizan a una nación.
Superman tiene poderes absolutos, limitados solamente por el uso de la kriptonita. La pregunta que surge es: ¿cómo usa Superman el poder? Superman no basa todo su poder en el uso de su fuerza. De hecho, su poder absoluto es lo que alimenta las reticencias del gobierno estadounidense y su necesidad de neutralizarlo.
La fuerza de Superman reside en su capacidad para simbolizar la esperanza, mientras que el uso de la violencia se justifica por la protección de la humanidad frente amenazas internas (Lex Luthor) y externas (invasiones alienígenas) -o la convergencia de ambas. En este sentido, Superman ejerce un papel hegemónico mediante un liderazgo que pretende asentar sus valores, al mismo tiempo que se reserva el uso de la coerción y de la violencia cuando dichos valores se encuentran amenazados. Dado que su identidad se forma espacial y culturalmente en Estados Unidos, sus acciones al salvar la Tierra contribuyen a expandir los valores norteamericanos y a fortalecer tanto su propio liderazgo global como el de Estados Unidos. Esto no implica que siempre haya una sintonía ideológica y política entre las administraciones norteamericanas y Superman.
La noción de cosmopolitismo puede asociarse con la de hegemonía en el sentido de que ambas aspiran a configurar el orden global. No obstante, la hegemonía prioriza la dominación, el poder asimétrico y la violencia como recursos necesarios, mientras que el cosmopolitismo cree en un orden global basado en la paz y en el reconocimiento del conjunto de la humanidad como comunidad.
El cosmopolitismo tiene una variante moral que trasciende las fronteras nacionales. De este modo, existe un sentido de obligación moral hacia cualquier ser humano, aunque no pertenezca a nuestra comunidad nacional. Superman ocupa una posición peculiar a este respecto: como alienígena, muestra su preocupación por la humanidad; y como estadounidense, no puede ser indiferente a los problemas del resto de las personas. La cuestión es si las intervenciones de Superman reflejan solamente la preocupación por el destino de la humanidad o si refuerzan, en sentido hegemónico, el modo americano de percibir el orden global.
Una de las mayores dificultades del cosmopolitismo es que la humanidad no es una comunidad basada en la pertenencia ni responde a condiciones sociohistóricas y culturales determinadas. La idea de “corazón de la patria”, por el contrario, ofrece un sentido profundo de pertenencia, referido a un lugar idealizado o imaginado más que a un lugar existente.
De nuevo, Superman ofrece una interesante variante. El Fuerte de la Soledad (Fortress of Solitude) es el lugar en el que Superman conecta su identidad alienígena con su lugar de procedencia, Krypton. De esta manera, en soledad, Superman recupera su sentido de pertenencia a una civilización ya desaparecida. Smallville, Kansas, encarna los valores rurales, familiares y “americanos” en los que creció Clark Kent. Se trata de un espacio más simbólico que físico al que Kent y Superman vuelven cuando necesitan reafirmar su identidad.
El Superman de James Gunn presenta, en comparación con sus precedentes, varias novedades sobre cómo entender la geopolítica de Superman si tenemos en cuenta estos tres elementos.
Hegemonía reflexiva
Los mensajes de Jor-El, el padre de Kal-El (el nombre kryptoniano de Superman), han servido para definir el rol hegemónico de Superman y su misión en la Tierra. De hecho, en la primera película, la función hegemónica queda claramente formulada en el mensaje del padre: “Tienes prohibido intervenir en la historia humana; deja, más bien, que tu liderazgo inspire a otros a intervenir.” Los seres humanos son buenos, pero “solo les falta la luz que les muestre el camino”. En el contexto de la Guerra Fría, es difícil no interpretar estas palabras como una referencia al rol asumido por Estados Unidos en el ejercicio de su liderazgo mundial, interviniendo en las políticas de otros países e imponiendo su versión de democracia y su sistema económico.
El paso de los años y los cambios en el orden mundial no modificaron el mensaje de Jor-El ni el posicionamiento hegemónico de Superman. Así se expresa en El hombre de acero: “Les darás a los habitantes de la Tierra un ideal al que aspirar. Te seguirán. Tropezarán. Caerán. Pero, con el tiempo, se unirán a ti bajo el sol, Kal. Y cuando llegue ese momento, les ayudarás a lograr grandes maravillas”. El futuro de la humanidad sigue dependiendo, en este caso, del ideal promovido por Superman.
La última película introduce, sin embargo, un giro radical en el mensaje de Jor-El. La comparación entre Krypton como Estados Unidos —utilizando a Superman como instrumento hegemónico— y la Tierra como el resto de los países cambia completamente de sentido. Para Jor-El, “la gente es simple y está profundamente confundida”. Superman debe reconocer su superioridad y dejar de vivir como un humano. El consentimiento debe dar paso a la coerción y al reconocimiento de la fuerza bruta: “Reina sin misericordia”, concluye el mensaje.
Al revelarse las intenciones reales de Krypton, las acciones de Superman requieren una nueva forma de legitimación para recuperar el apoyo de los humanos. Por ello, podríamos hablar en la película de un tipo de “hegemonía reflexiva”, en la que la crítica y el cuestionamiento del orden hegemónico contribuyen a su redefinición.
El conflicto geopolítico ficticio entre Boravia y Jarhanpur ilustra cómo funciona esta hegemonía reflexiva. En una de las secuencias más interesantes de la película, Lois Lane entrevista a Superman y cuestiona su intervención en el conflicto por tratarse de un acto unilateral. Superman invadió el espacio aéreo de Boravia, potencia invasora, sin consultar a las autoridades estadounidenses. El diálogo entre Lois y Superman deriva en una reflexión sobre el intervencionismo, la guerra y la legitimidad:
Lois Lane: Sí, pero el hecho de que actúes aparentemente como representante de los Estados Unidos terminará causando más problemas en todo el mundo…
Superman: [interrumpiendo a Lois] ¡Yo no representaba a nadie, excepto a mí! ¡Y… a mí mismo! Y… y… y… ¡bien, no sé, hacer el bien!
Lois Lane: [continuando] más que una guerra que duró entre 12 y 24 horas y que solo reemplazó un régimen tiránico por otro.
El hecho de que los ciudadanos de Jarhanpur terminen alzando la bandera de Superman y gritando su nombre confirma la consolidación de un orden hegemónico revisado. Curiosamente, Superman no acude a ayudar a Jarhanpur, sino la Justice Gang. El motivo es que Superman debe salvar Metrópolis, a punto de ser destruida por una grieta interdimensional cuyos efectos pueden extenderse a todo el mundo. Los valores de Superman son reproducidos en un territorio lejano en una intervención no vinculada directamente a Estados Unidos. Superman, sin embargo, elige salvar Metrópolis por tratarse de una amenaza global y no local. No se puede obviar, sin embargo, que la amenaza global ocurre en una ciudad estadounidense, mientras que Jarhanpur no puede salvarse por sí sola y requiere intervención externa. Esta dilema de a quién salvar primero reproduce una “geografía desigual” entre el centro global y la periferia.
En cualquier caso, el cuestionamiento directo del rol hegemónico de Superman, procedente del mensaje de su padre desde Krypton, el sentido de sus acciones y su alineamiento con los oprimidos, incorporan una lectura de la hegemonía reflexiva en la geopolítica de Superman.

Cosmopolitismo individual y la Tierra como patria
El mensaje de Krypton animando a Superman a reinar la Tierra genera una crisis de identidad en Superman. En principio, Superman había conseguido que su identidad como kryptoniano coexistiera con su identidad humana. El hecho de que su misión hubiera sido ayudar y guiar a la humanidad había contribuido a no presentar ambas identidades como incompatibles.
Tras el mensaje, Superman ve su función como la obligación moral de salvar al Otro, en este caso a la humanidad. Superman emprende en la película de James Gunn dicho recorrido. Por un lado, el rechazo al Otro es encarnado por Lex Luthor, que odia a Superman por ser alienígena. Por otro, Superman no solo quiere salvar a la humanidad, sino que expande la comunidad que constituye la humanidad para incluirle también al Otro: a él.
La comunidad política que conforma la humanidad no está definida en términos existencialistas: uno no es humano, sino que se hace humano. Así se lo recuerda Superman a Luthor: “Ahí es donde siempre te has equivocado conmigo, Lex. Soy tan humano como cualquiera. Amo, me asusto. Me despierto cada mañana y, a pesar de no saber qué hacer, pongo un pie delante del otro e intento tomar las mejores decisiones que puedo. La cago todo el tiempo. Pero eso es ser humano. Y esa es mi mayor fortaleza”. Lo que hace a Superman un héroe es pertenecer a la humanidad; no estar fuera de ella.
El cosmopolitismo de Superman debe entenderse, sobre todo, como un cosmopolitismo individual. Como le dice su padre terrícola: “Tus decisiones, Clark. Tus actos. Eso es lo que te define.” El cosmopolitismo moral que motiva a Superman refleja su propio entendimiento de lo que es bueno para la humanidad y está más motivado por las intenciones (salvar a la gente) que por las consecuencias du sus actos. El cosmopolitismo no es elevado en ningún momento a un plano colectivo o traducido en términos políticos, esto es, en qué instituciones podría gobernar de forma más justa el mundo. Se trata, en definitiva, del compromiso de Superman con la humanidad y cómo el entiende que debe salvarla.
Esta definición de Superman como humano no ocurre en el vacío. La idea del “corazón de la patria” adquiere aquí gran importancia. Lo que hace humano a Superman es la vinculación con su infancia, con su familia, con sus orígenes. La vida en Smallville se convierte así en la fuente de confort para Superman. Desde la Fortaleza de Solicitud, Superman deja de ver imágenes de Krypton y las reemplaza por imágenes de su infancia. De esta manera, Superman refuerza su identidad como humano y reduce su vinculación con su planeta de origen. Esto demuestra que el cosmopolitismo se genera en espacios concretos y no en una especie de universalismo vacío. La humanidad de Superman no proviene sólo de vivir en la tierra, sino de los valores con los que creció en su infancia en un espacio rural y seguro que ya no existe. No conviene olvidar, sin embargo, que esos valores coinciden con los de la América profunda.
Geopolítica punk
Podemos concluir que la película Superman (2025) representa una “geopolítica punk” que cuestiona el papel de la administración Trump en el contexto global actual y rechaza la “política del odio” como fundamento de la vida social contemporánea. En este sentido, el nuevo “punk” consistiría en no encajar con esa visión dominante y en reivindicar la acción moral orientada al bien común de la humanidad como objetivo principal. Sin embargo, no debe olvidarse que Superman es un producto cultural que conlleva representaciones específicas de países y relaciones de poder. Desde esta perspectiva, la película puede leerse como una crítica a la política exterior de Trump, sin dejar de reconocer que simultáneamente reproduce una determinada visión de la hegemonía global y del papel central que en ella desempeñan los Estados Unidos. Punk, sí, pero made in the USA.