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DIEZ AÑOS DESPUÉS: ‘Chiñoles y Bananas’, del extractivismo a la autorreparación

Este artículo es una colaboración externa de Susana Ye, poeta, documentalista independiente y periodista.

El documental ‘Chiñoles y Bananas’, que produje en 2015, acaba de ser actualizado con subtítulos en varios idiomas, como el chino. Este trabajo es absolutamente auto gestionado, esto es: no ha recibido ningún tipo de dotación económica, subvención pública o privada, ayuda de micro mecenazgos, fondos de asociaciones o plataformas alternativas, ni ningún otro formato habido y por haber. Fuera del circuito cinematográfico e incluso del circuito de cine humanista o solidario, el proyecto sin embargo ha logrado su lugar entre académicos e investigadoras de distintas disciplinas dentro y fuera de España. Ahora, con motivo de su décimo aniversario, se revisita su recorrido desde una perspectiva narrativa y vivencial1.

Siempre me preguntan cómo se me ocurrió abordar este tema. La pregunta real es cómo a nadie más se le ocurrió mucho antes abordar este tema del modo que justamente le correspondía: con responsabilidad e implicación real hacia sus sujetos.

Este 22 de septiembre se han cumplido, oficialmente, diez años desde que deposité una obra imperfecta en aspectos técnicos, pero sólida y llena de capas y matices en su estructura y en quienes participaron en la misma, siendo sus pilares y su sustento.

Fotograma del documental ‘Chiñoles y Bananas’. Copyright: Susana Ye.

Carla e Yvette del Olmo, hermanas, David Lopun y David Lei, uno en Alicante y otro en Madrid, Silvia Lai y Quan Zhou, una apenas empezando y otra ya abriéndose una carrera profesional completamente especializada en la identidad asiática en España, Yong Pin y Yunyun, uno extrovertido y otro de carácter más introvertido, Luis Sheng y Kangyun Xiao, sensibles y reflexivos. Ellos y ellas son quienes ante la cámara, llegan a olvidar que se les graba, aportando desde la sinceridad y cierta vulnerabilidad qué supone ser hijos e hijas de migrantes chinos en España en ese 2015 donde, nadie, ni en medios ni en entornos académicos, tenía especial interés en lo que se consideraba un tema menor. Un tema de minorías. Un subtema. Un nicho demasiado específico y poco sistematizado al que le faltaba método y le sobraba subjetividad. Sin embargo, era consultado, empleado como una nota a pie, una cita breve, en trabajos posteriores tanto mediáticos como reposados, y es por ello que, diez años después, se retoma el tema, pero esta vez para recalcar que el tiempo es más sabio que los prejuicios y los sesgos.

Parte de sus participantes revisitan sus yo entonces a las puertas de una vida adulta y comparten en 2025, una década después, quiénes son ahora, cómo se identifican ahora, respecto a entonces, pero también, respecto al futuro. El recurso, un pequeño secreto a voces de circulación discreta como base de otras carreras y trayectorias, se revivifica para tomar un cariz de rabiosa actualidad: ¿qué significa multiculturalidad cuando son sus protagonistas, normalmente sujetos bajo lupa, quienes más allá de títulos y cargos oficiales, tienen el espacio y el tiempo para hablar de multiculturalidad? ¿Qué discurso adoptan y qué supone el multilingüismo en sus hogares? En 2015 ya se abordaban estas cuestiones. En 2025 se continúa en ellas con la misma delicadeza y respeto hacia quienes hablan de ello, personas normalmente silenciadas, ignoradas o cuya voz se considera una anécdota, un apunte menor al contexto teórico y lleno de referencias de las autonombradas obras serias.

Vídeo ‘Desperate Literature hosts Susana Ye: Poetry, Writing & Journalism’.

‘Chiñoles y Bananas’ pervive de hecho en la obra poética ‘Trashumante en arenas movedizas’, ocho años después de su registro como obra intelectual en España, en una suerte de pirueta artística-vital en la que, en el fondo, siempre se aborda la misma situación, pero virando el ángulo para aproximarse lo máximo posible a esa esquiva totalidad veraz. Mientras quienes hace diez años, siete, cinco… asomaban al tema como quien asoma a un escaparate de rarezas y de curiosidades, dejándolo a su suerte como un instante fugaz, yo, su autora, me empecinaba en reivindicar que el susodicho tema era no una anomalía del espacio-tiempo, sino un hecho y una realidad social innegable, incuestionable y vigente.

Pero, ¿por qué empleo el término autoreparación al comienzo de este post? Porque han transcurrido diez años, han avanzado aspectos de concienciación respecto a las segregaciones y los mal calificados microrracismos, por parte de ciertos espacios intelectuales y contra culturales, ‘Chiñoles y Bananas’ es, moderadamente, tomado como referente, pero sigue sin haber un reconocimiento amplio, explícito y rotundo hacia la obra. Algunas de las cuestiones detectadas al respecto es el debate de los términos ‘chiñol’ y ‘banana’, por considerarse poco rigurosos y exactos e, incluso, coloquiales. Poco adecuados por esto mismo para reclamos que han de ser lo más institucionales posibles. Sin embargo, estandarizar y exigir cómo se ha de sentir cada persona se aproxima demasiado a precisamente lo que se trata de combatir: que la identidad es un asunto político, siempre, pero también personal, siempre. Otra de las trabas para el recorrido sólido, pero en la sombra del documental es la necesidad de posicionar el trabajo propio como único en su especie, si bien se incluye para mantener una cierta coherencia con el principio de diversidad e inclusión, pero de tal manera que, sin hacerle de menos a la autora, queda como un recurso que, por estar en abierto y sin revisión de pares no se considera en la categoría de obra seria, de peso y contrastada.

Y, sin embargo, el término ‘chiñol’, más incluso que ‘banana’, sigue vivo, lo emplean las propias personas que se sienten entre esas dos culturas, parte de esas dos culturas, y su misma autora, quien os escribe este post, ha sido empleada en entrevistas anónimas para generosamente compartir su propia vivencia sin filtros para investigadoras doctoradas en identidad este asiática en Estados Unidos. Nunca pude leer mis propias palabras en el escrito de la investigación. Nunca recibí una invitación a exponer yo misma el documental.

Por eso es que empleo el término autorreparación: porque en estos diez años han crecido, formado familia y cambiado de opinión los chiñoles y bananas y yo, como autora, he aprendido a que el extractivismo intelectual es un mal prevalente no solo en periodismo, sino también en investigaciones, entornos multiculturales y disciplinas variadas.

La pequeña obra ‘Diez años después’, en honor a la obra ‘Dos años después’ de Agnès Varda que revisita su documental ‘Los espigadores y la espigadora’, no solo es un aniversario de un trabajo realizado por y para aquellos jóvenes, incluida yo misma, en busca de respuestas. Es también un reclamo de que la labor de justicia epistémica e intelectual no se ha de dejar en manos ajenas, sino acometerse con consistencia y enorme compromiso año a año, años más tarde, por parte de quien firma, pero, aún más importante y de una belleza humana elevada, de quienes en forma y fondo son los autores vitales entonces y ahora.

No solo se ha labrado un techo a esa casa que fue el documental, sino que se le suma ampliar sus cimientos con subtítulos en chino para la generación de primeros llegados, los padres y abuelos en todo el mundo, además de los subtítulos en inglés, alemán, turco, portugués y catalán, con árabe, francés y tagalog en curso. Se invita a todos/as quienes leéis, en honor a MIRCo, que se unan a ampliar las lenguas disponibles y a reparar, a destiempo, el alcance y reconocimiento de la obra.

Por muchos años más, a los chiñoles y chiñolas y bananas.

  1. En caso de consultarse y emplearse el recurso, el modo más riguroso que permite el seguimiento de su impacto vía formal y oficial es citarlo como aquí se indica: Ye Yin, Y. Y. (Susana Ye) (22 de septiembre de 2015). Chiñoles y Bananas: habla la diáspora china en España [Documental]. YouTube. https://www.youtube.com/watch?v=J7xuAIDk4CM https://doi.org/10.13140/RG.2.2.34531.00802  ↩︎