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Hablando mal y pronto

Juan, Santiago y Magui son lingüistas argentinos que trabajan en el límite entre la investigación, la intervención y la reflexión político lingüística. En 2020 se reunieron para hacer «Hablando Mal y Pronto», un podcast de lingüística que trata temas diversos del campo de los estudios del lenguaje con un estilo descontracturado y actual.

“Hagamos un podcast.”

Esa fue la idea. Estábamos en julio o agosto de 2020, plena cuarentena de COVID-19 en Argentina, discutiendo temas poco interesantes por Twitter cuando alguien tiró esa frase. Quienes teníamos un empleo registrado, y condiciones económicas y habitacionales privilegiadas, andábamos con una energía maníaca que nos llevaba a “hacer cosas”: mejorar nuestras aulas virtuales, participar en campañas informativas (y anti fake news), organizar eventos y actividades internacionales por videoconferencia, leer bibliografía atrasada y escribir artículos pendientes. Todo eso entre masa madre, ejercicios en casa, aplausos al personal de la salud y zoompleaños.

En esa domesticidad vertiginosa, decidimos que podía ser una buena idea hacer un podcast de divulgación lingüística. Queríamos contar lo que hacemos a más gente que la que nos lee y nos escucha de costumbre, había ganas de ciencia en el aire y casi no existía divulgación sobre lingüística en castellano. Y, además, nos parecía que la íbamos a pasar bien, que íbamos a aprender cosas que no sabíamos y a conocer gente interesante.

Éramos tres: María López García, Santiago Kalinowski y Juan E. Bonnin. El nombre, Hablando mal y pronto (HMP, para abreviar), lo trajo Magui, que lo tenía pensado desde antes y se lo regaló a este proyecto. También es suya la imagen de portada: unas fichas de Scrabble en un fondo medio acuático. El primer episodio salió el 27 de octubre de 2020.

Empezamos por temas que nos interesaban y que suponíamos que podían interesar a otros: las prohibiciones lingüísticas, los mitos, la norma. Uno de esos primeros episodios se llamó “De por qué todo el mundo habla mal (menos nosotros)” y bien podría haber sido el segundo nombre del programa.

Primera juntada personal

HMP nunca tuvo un alcance masivo. Cuando hacemos divulgación solemos decir que le hablamos al “público en general”, pero sabemos que ese público no existe. Hay además un componente medio narcisista en creer que miles de desconocidos van a querer saber qué pensamos del relativismo lingüístico o de las orientaciones ideológicas del lemario de un diccionario del siglo XIX. 

Pensábamos en dos oyentes más concretos. Primero, y principal, docentes de lengua, especialmente de nivel medio y superior. En nuestra experiencia, se trata de un público muy inquieto, que busca constantemente actualizarse, no sólo por motivos profesionales sino también por interés genuino en los avances del campo de la lingüística. Hablar a las y los docentes es una oportunidad para hablar a sus estudiantes y sus familias. En segundo lugar, nos dirigimos a profesionales de disciplinas vinculadas con la lengua, como la edición o la corrección, y a nuestros colegas lingüistas. En este caso, nos interesaba la diversidad de campos de especialización de las ciencias del lenguaje y los límites de nuestros propios conocimientos. Aunque comenzamos hablando de temas que conocíamos muy bien, desde un comienzo quisimos evitar que el podcast tuviera un tono pedagógico. No buscábamos explicar, sino conversar, discutir y aprender.

Con el tiempo empezamos a invitar a colegas que sabían lo que nosotros no. Oscar Conde nos habló de lunfardo, Rocío Martínez de la lengua de señas argentina, Virginia Jaichenco de lo que pasa en el cerebro cuando hablamos, Valeria Abusamra de lo que pasa en el cerebro cuando leemos, Luis Fernando Lara de cómo se hace un diccionario, Sara Pérez de los discursos de odio, Carina Meynet y Martín Tapia Kwiecien de etimología. También hicimos ciclos entre nosotros: lenguaje inclusivo, ortografía, fórmulas de tratamiento y doblaje, al que le dedicamos nada menos que cinco episodios (con Marcos Rohena-Madrazo y Carlos “Casper” Uncal) o inteligencia artificial, con Alejandra Litterio. Conversar con especialistas de otros campos nos permitió convertirnos también en público de HMP.

Cada episodio nos llevó más trabajo del que se nota: preparar el contenido, buscar y coordinar a los invitados, grabar (lo más divertido) y editar (lo más tedioso). Como no teníamos experiencia, producíamos con poca planificación. Nunca decidimos si íbamos a hacer temporadas y ni siquiera nos pusimos de acuerdo en cuántos episodios llevábamos: según Spotify, son 43. Los primeros duraban cerca de cuarenta minutos y agotaban el tema (y, probablemente, también a la audiencia). Después pasamos a unos quince, en los que desarrollábamos un aspecto que podía seguir en el episodio siguiente.

La energía de la cuarentena se fue gastando a medida que volvía la vida de antes, con sus actividades, y en 2023 el podcast perdió el ritmo. Dejamos de reunirnos porque la vida nos pasó por encima y ya no teníamos tiempo. 

Pero no se acabó del todo. 

En octubre de 2023 hicimos una juntada con oyentes en La Casa del Árbol, un centro cultural de Buenos Aires, y respondimos preguntas del público; se publicó como episodio en vivo. 

Este año, en julio 2026, nos invitaron al VII Congreso Latinoamericano de Glotopolítica y grabamos otro, con Valeria Abusamra, sobre mitos lingüísticos. Casi seis años después, volvimos a uno de los temas con los que habíamos empezado. 

Todavía hay gente que nos escucha y que se interesa por el podcast, y nos pregunta cuándo va a ser el próximo episodio. Ventajas de no haber definido una periodicidad: el próximo será cuando salga. 

Mientras tanto, los primeros 43 capítulos siguen en Spotify, para quien quiera escucharlos.

Mal y pronto, claro.